Soñé que era una Mala Mamá

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Tengo un sueño recurrente que solía pasar en dos partes, en la primera parte me veo bajando unas escaleras rápidamente porque alguien o algo me esta siguiendo y empiezo a bajar saltando los escalones de dos en dos, hasta que de repente en un salto, todos los escalones desaparecen y empiezo a caer rápidamente hacia un vacío oscuro.

En la segunda parte del sueño, después de haber caído, estoy en un espacio completamente blanco, vacío e infinito, pero soy solo un punto en ese espacio, de repente veo que viene hacia mi un punto oscuro, pero entre mas se acerca, se vuelve más grande y rápido, tengo miedo y empiezo a correr pero no importa hacia donde corra, no encuentro un camino, no hay una dirección y el punto oscuro sigue tras de mí, hasta que finalmente crece tanto que ocupa todo el espacio blanco y me acorrala, dejándome atrapada contra una pared invisible.

Si bien recuerdo claramente ambos sueños, lo que más recuerdo es como me sentía en ellos, empezaba teniendo un poco de control, pero terminaba sintiendome abrumada, perseguida, atrapada, vulnerable, sola, agotada, débil y con una tristeza tan profunda que lo unico que podia pensar era que no había más esperanza; durante años esos sentimientos me eran tan familiares que llegaron a ser incluso cómodos, se volvieron mi lugar seguro, mi zona de confort; creía que lo único peor que sentirme así, sería la incertidumbre de qué pasaría si tratara de sentirme diferente, no quería agregar decepción a la lista de emociones que ya de por sí era bastante pesada.

Así sentía mi maternidad, así me sentía como mamá, me di cuenta de que mis sueños no eran más que mi cerebro tratando de decirme que necesitaba ayuda, que necesitaba despertar de mi coma emocional, el problema es que cuando “todo” a tu alrededor te dice que no lo estas haciendo bien, es muy difícil creerle a tu cerebro.

Tengo dos hijos, ambos nacieron a través de parto por cesárea, además de eso no pude darles leche materna; durante mi primer embarazo pase pensando en ese increíble momento en que al fin podría ver a mi hijo, pensaba que como el embarazo había sido tan tranquilo y encima yo tenía “caderas anchas” mi parto, no solo sería relativamente fácil y rápido, si no que además sería natural. No pude haber estado más equivocada, durante 25 horas estuve viendo como mujeres entraban en labor y salían con sus bebés a cada hora, miraba ansiosa como mamás con panzas más grandes que la mía tardaban menos de una hora en dar a luz y yo, seguía ahí con dolores y esperando; a eso le puedo sumar el lamentable trato que algunos profesionales de la salud dan en muchos centros hospitalarios gubernamentales, vi como enfermeras le decían a mamás mucho más jóvenes que yo que se callaran, que dejaran de gritar o de llorar, que hubieran pensado mejor antes de embarazarse y que nadie les había obligado (como si estuvieran seguras) así que ahora tenían que aguantar; doctores en su práctica acostándose en las camillas contiguas contándose chistes o discutiendo una novela sin reparar en lo más mínimo que a su alrededor habían seres humanos en uno de los momentos más críticos de sus vidas, expuestas, vulnerables, sintiendo uno de los dolores más increíbles que alguien puede sentir; la empatía debería ser una clase obligatoria para muchas personas.

Cuando finalmente tuve a mi hijo pensé en que todo había valido la pena, pero hoy me pregunto si todo lo que viví en realidad era necesario, ninguna mujer debería sentirse tan vulnerable, desprotegida y descuidada en un momento tan importante, no debería ser ” el precio que pagamos” por ser madres.

Cuando llegamos a casa no cabíamos de la felicidad, pero es interesante como tantos sentimientos pueden coexistir en el corazón de una mamá, sí, estaba feliz por mi bebe, pero tambien estaba asustada, abrumada por todo lo que venía y por que no, sola; no porque no tuviera ayuda o porque mi esposo no hubiera sido parte activa de todo el proceso, simplemente porque la maternidad nos cambia, cambia nuestro cerebro, nuestras hormonas, nuestro cuerpo, nuestra vida completa. Me sentía sola e inadecuada, y para quienes leen esto y son hombres, es una soledad que no tiene nada que ver con nuestra pareja, es un sentimiento de vacío literal y figurado que nos deja justo en el borde de no saber quien somos, casi como a punto de tener amnesia, se quien soy, se donde existo, pero no me siento parte de mi misma; en mi caso la presión de ser una buena mamá me llevó a años de frustración, tristeza y más de esa soledad, ocasionalmente recibía comentarios no deseados de personas que me decían que por haber tenido cesáreas yo “no era mujer” que aún no sabía lo que era sufrir por un hijo, etc… ¿en serio? ¿se suponía que debía sufrir más de lo que sufri? ¿se supone que sufrir sea un requisito?

Todavía tengo la primera parte de mi sueño, pero ahora es cada vez menos frecuente, la otra parte ha desaparecido casi por completo, creo que ese vacío blanco e infinito era en realidad el lienzo de mi vida, al que yo puedo pintar con los colores o los paisajes que yo quiera, y ¿el punto oscuro que me perseguía? creo que era yo misma, era esa parte de mi que creía que era un fracaso, como madre, como esposa, como mujer; ahora entiendo que todo lo que tenía que hacer para escapar de mi misma, era pedir ayuda, ahora se que el único lugar donde era una mala mamá, era en mis sueños, porque en la vida real, tengo hijos saludables, felices, amables, que aun de adolescentes y siendo más altos que yo, me buscan para que les proteja, para que les abrace.

Tu fracaso se puede convertir en tu mensaje

lo se porque mi fracaso me llevó a construir este blog, mi fracaso se convirtió en It´s a Mom porque no quiero que otras mujeres se sientan como yo me sentí y como aún ahora, de vez en cuando me siento, y quiero que las mujeres que ya se sienten así, sepan que no están solas, que pueden salir de esa prisión emocional, que sí lo están haciendo bien, que está bien no tener idea de lo que están haciendo; cuando nace tu bebé también naces tú, no se supone que tengamos todas las respuestas, por eso tenemos vidas enteras con nuestros hijos.

Si estás pasando por un momento difícil emocional y mentalmente, quiero que sepas que no estas sola, quiero que sepas que está bien no estar bien y que pedir ayuda no es una debilidad, es más bien un acto de valor y si hay algo que una mamá recibe en mayor cantidad de la que se imagina, es valor.

No Estas Sola Mamá.

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